Estas obras tienen como línea conceptual la autorreferencialidad del artista, su mundo íntimo, los  vínculos más cercanos. Un backstage donde se visualizan diferentes momentos, detenidos. Los momentos cotidianos que todos tienen, en los que no sucede nada trascendente. Es un registro de una banalidad aparente, donde la reflexión y el cuestionamiento se plantean a través de lo público y desde lo privado. Todo el cuerpo de obra es un reality, definido así por el mismo artista, donde se puede ver el modus vivendi relajado, calmo, contra la aceleración que plantea lo contemporáneo. Una serie de obras  en la caja blanca, y que luego de su primer impacto, generan reflexión sobre la superficie, lo banal, la funcionalidad de la pintura, sobre el realismo.
MR redefine así, la memoria como un espacio tangible, un espacio potencial. La pintura es el medio que describe las situaciones, pero a la vez plantea desde la autonomía de la mancha y el color, un camino independiente que es el de la pintura misma, y que va más allá del parecido de los personajes con su realidad. Manuel trabaja desde esta premisa; la mancha de la pintura es un elemento fundamental; en algunos casos, la protagonista absoluta, porque desde ella surgen las líneas de fuerza que definen la acción en la pintura. En otras pueden verse recursos dibujísticos. La pequeña escala de los dibujos o el soporte (en algunos casos los muros de la sala misma) también agregan un dato a la subversión de la mirada.
La supuesta objetividad de las escenas que desarrolla en las telas, (fotografía mediante tomada como recurso) son más que un vestigio, un rastro directo que se transforma en huella. Manuel Rodríguez agrega el gesto, el color meditado, la transparencia, la textura, y cada una de estas cosas potencian su obra, la sutil diferencia entre la experiencia real y la experiencia estética.

Fernando Lopez Lage